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8 de marzo de 2026

Cuando el boletín copia el Instagram de la semana

Las marcas que pegan el carrusel en el correo están perdiendo el único sitio donde todavía se puede contar un producto con calma.

Libros y papeles apilados junto a una lámpara

El carrusel cabe en el bolsillo. El correo, aunque se abra al mismo tamaño, admite un párrafo. Esa diferencia se está perdiendo: vemos envíos que reproducen los mismos tres recortes, los mismos emojis y el mismo «swipe», como si la lista fuera un espejo de la cuenta pública.

Quien se suscribe al boletín no pide un resumen de lo ya visto. Pide, en el mejor de los casos, lo que no cabe en un vídeo de quince segundos: el origen de un tejido, el motivo de una rotura de stock, la fecha en que el taller cierra por feria. Eso es crónica de marca, no repetición de peines.

Cuando un encargo llega con la instrucción «poned lo de Instagram», devolvemos la pregunta: qué no se ha contado aún. Si la respuesta es «nada», el número de ese mes quizá no debería salir. Un hueco en el calendario duele menos que un envío que enseña que no había nada que decir.

El email marketing del sector, en las conversaciones de feria que recogemos, sigue midiendo aperturas. Nosotras miramos también si el texto podría existir sin la foto. Si no puede, el correo es un escaparate. El escaparate ya está en la calle o en el perfil.

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